El teatro de mis hijos

Iba a escribir una historia, iba a hablar de las obras (Los pieles rojas no quieren hacer el indio fue la primera), iba a hablar de la timidez de mis hijos y de cómo la superaron gracias al teatro, iba a relatar lo que les ha dado la escuela de teatro…Pero no, hoy quiero contar la historia de una relación, mi relación con la Escuela de Teatro Duque de Rivas.

Una relación llena de sentimientos de toda una vida, una relación de cariño y ternura, pero también de respeto por aquellos profesores que estaban metiendo el “gusanillo “del teatro en mis hijos. Recuerdo a Paula, el primer profesor de mi hijo mayor, pero no puedo dejar atrás a Clara, a Mayte, a Toñi, a Pepelu, a Joaquín, a Julio, a Rosa, a Lola, a Maribel, a Nuria, a Valeria, a Raúl … (perdón por el orden, no es orden de importancia, es por recuerdo y ya estoy mayor; perdón también por los olvidos) a todos ellos me une el más hermoso de los sentimientos: la amistad.

Me habéis hecho SENTIR, y VIVIR a través de las historias que han interpretado mis hijos. He sentido el orgullo de ser la madre del artista (hasta han creado tradición: los dos han sido Boabdil en todas las representaciones de la historia de Lucena en comic). He llorado de emoción y de alegría y he sentido miedo por ellos.

Tenéis un peligro: el “gusanillo” del teatro se mete en los niños y se hace grande, grande, enorme, los agarra y no los suelta, se les queda dentro por y para siempre.

Siento que entregué dos niños a la escuela de teatro y tengo dos hombres. Siento que me habéis dado mucho. Siento que no sois una escuela de teatro. Siento que sois una escuela DE VIDA.

Escrito por Ángeles Urbano

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